David McTaggart
Algo de Historia Paul Watson fue uno de los fundadores de la organización ecologista multinacional Greenpeace y, luego de su deserción de ella en 1977, se desempeña actualmente como Director de un grupo ecologista rival, la Sea Shepherd Society (o Sociedad Pastores del Mar). Cuando en 1991 se refería a su ex organización, y a su por entonces presidente, David Mc Taggart, decía lo siguiente: “El secreto del éxito de David McTaggart, es el secreto del éxito de Greenpeace: no importa cuál sea la verdad, lo único que importa es aquello que la gente cree que es la verdad." Esto, viniendo de uno de los "ecologistas idealistas" - es el reconocimiento que, en el ecologismo (insisto en que no es lo mismo que “ecología”), la verdad científica no tiene importancia ninguna: si una mentira se repite las veces suficientes, la gente termina por creer que es verdad, y eso es lo único que importa. Siguen los dirigentes ecologistas el consejo de Hitler: "Mientras más grande sea la mentira, más gente se la creerá.” Bajo la dirección de David McTaggart, Greenpeace se convirtió, de una banda de pendencieros militantes en botes de goma, interponiéndose entre los arpones y las ballenas, en una extraordinariamente rentable organización multinacional que sólo rinde cuentas de sus ingresos y sus gastos a sí misma. Con 5 millones de miembros o adherentes y un ingreso de más de 160 millones de dólares en 1990, Greenpeace tiene oficinas en 24 países del mundo, cobrando a cada una de sus agencias “hijas” el 24% de los ingresos que realizan anualmente, como “royalties” para el uso del nombre. Como cualquier producto comercial, el nombre Greenpeace es una “marca registrada”. En Alemania, Greenpeace cuenta con 700 mil socios, de los cuales unos 320 mil permiten que sus bancos debiten 30 dólares anuales a la cuenta bancaria de la organización, que en 1990 recaudó allí más de 36 millones de dólares. Sus oficinas y representaciones en todas partes del mundo reciben subsidios de la central, de acuerdo al centimetraje de publicaciones periodísticas en donde aparece el nombre de Greenpeace o sus organizaciones asociadas. A mayor escándalo, mayores sumas de dinero recibidas en concepto de “honorarios”. Lo notable es que no importa si las protestas que dan lugar a ese centimil tienen alguna base científica, o algún viso de veracidad o sensatez. Lo importante es la publicación del escándalo, aun-que se compruebe más tarde que la “denuncia” es puro cuento o que se trata de una mentira deliberada. Ya es tarde: la mentira se ha esparcido entre aquellos que no conocen los fundamentos técnicos o científicos del asunto. Es decir, el 99,9% de la población. El daño ya ha sido hecho, los réditos políticos y económicos se reciben a corto plazo. El Mito McTaggart ¿Quién es este misterioso McTaggart, considerado por muchos como una figura próxima a ser canonizada? En 1989 se publicó “La Historia de Greenpeace”, el libro que cuenta la versión oficial, que es repetida por los diarios y revistas cuando hablan de la organización. De acuerdo a la versión oficial, McTaggart era un exitoso hombre de negocios inmobiliarios que, a los 39 años, “vio la Luz” y se decidió a Salvar al Planeta. La verdad es tan diferente que no sorprende el dicho aquel de: “a mayor la mentira, más fácil de tragar.” La versión oficial es un mito más. Quienes conocieron al afirman que era un promotor de bienes raíces fracasado e inescrupuloso, que dejó en la calle a Greenpeace 213 inversores y parientes antes de que sus proyectos se desvanecieran como el humo. En 1968, Bruce Orvis era un ganadero de Stockton, California, y propietario de unas selectas 400 hectáreas en el Bear Valley de la Sierra Nevada. Contrató a Mc Taggart como Gerente General para su proyecto de construir una villa y un centro de ski en el magnífico valle. Mc Taggart, entonces de 36 años de edad y ex campeón canadiense de badminton, era un experto vendedor. Buen mozo, carismático, rápido para las promesas, Mc- Taggart nunca invirtió ni un centavo propio en el proyecto, pero encontró muchos creyentes inversores. Esa es la fortuna de McTaggart: siempre encuentra ingenuos creyentes para sus cuentos... McTaggart expandió el proyecto de Orvis de manera grandiosa y vendió parcelas a 350 personas. Elizabeth (Betty) Huberty tenía 19 años cuando se casó allí con David, convirtiéndose en la tercera de sus 4 esposas. David McTaggart logró convencer a la madre de Betty, Gertrude Huberty, (dueña de 40 acres y una casa de campo cercana) para que garantizara un préstamo de $80.000 con el objeto de comprar y restaurar una hostería de seis habitaciones y una gasolinera. Betty hipotecó su herencia de 30.000 dólares como garantía adicional del préstamo. Dennis Rassmussen, que había comprado un lote y, posteriormente se convirtió con su familia en controlador y dueño del valle, dice que McTaggart tentó a los posibles compradores con el cuento de que pronto construirían allí una aerosilla para la estación de ski, partiendo desde la hostería misma hasta la cima de la montaña, y que además habría una cancha de golf. El proyecto de la cancha de golf se desplomó muy rápidamente, junto con el de la pista de esquí de nieve: la aerosilla todavía está esperando la autorización del Servicio Forestal de los EEUU. En 1969, McTaggart “dejó de frecuentar los lugares habituales” al decir de la policía, y desapareció de la ciudad sin dejar rastros. Orvis, que continuaba creyendo en el fabuloso plan de McTaggart, eventualmente perdió 3 millones de dólares en el asunto. Bear Valley fue finalmente a la quiebra en 1975; Gertrude Huberty tuvo que pedir prestado sobre otras propiedades para cubrir el préstamo que había sacado McTaggart –y que no devolvió jamás... Huídos de Bear Valley, McTaggart y su mujer recalaron en Aspen, Colorado, otro famosísimo centro invernal de esquí, en donde encontró trabajo como presidente de Aspen International Properties, Inc. en donde desarrolló un proyecto aún más faraónico que el anterior. El proyecto prometía un enorme hotel y un block de apartamentos en condominio de 12.500 unidades! Piense bien en eso: son 12.500 departamentos...! A un mínimo de 30.000 dólares cada uno = 375 Millones de dólares..! McTaggart parece haber tenido siempre predilección por cifras gruesas. Algún tiempo después podría coronar sus sueños, cuando se hizo con la Presidencia de Greenpeace International. Pero para ello debía pasar primero por algunas pruebas amargas... Nancy Woodworth, encargada de una de las oficinas durante la breve estadía de Mc- Taggart en el proyecto, le recuerda como una persona especial: “David tenía un especial poder sobre la gente. Su estilo de vida era extraordinariamente extravagante”. Según recuerda Nancy, una tarde de 1970, McTaggart le ordenó que le alcanzara unas carpetas y al día siguiente había sido tragado por la tierra. Además de “no frecuentar más los lugares habituales” (ya se estaba haciendo una costumbre), McTaggart se llevó consigo el anillo de bodas de su mujercita Betty, vendió una coupé Mercedes 280 SL Sport y se marchó con viento fresco hacia los mares del Pacífico Sur, en busca de más incautos con dinero. En 1972, los inversores Wells Lange y su hermano (entre varios más) demandaron a Aspen International y a McTaggart por fraude en las garantías. Acusaban a McTaggart de haberlos inducido a invertir u$s1.5 millones subestimando y/o ocultando el pasivo de la compañía, haciéndoles creer que existían otros inversores importantes, cuando en realidad no existía ninguno. En un arreglo ECOLOGIA: Mitos y Fraudes 214 extrajudicial hecho en 1975 (mejor un mal arreglo que un buen juicio) los hermanos Lange recibieron un poco de efectivo, documentos (que jamás aterrizaron) y la mayoría de las acciones de la compañía en quiebra. McTaggart en los Mares del Sur McTaggart debe haber visto la Luz ecológica recién en 1972 cuando respondió a un anuncio de prensa que Greenpeace hizo en Auckland, Nueva Zelanda. Hablando por teléfono desde Vancouver, E. Bennett Metcalfe, co fundador de Greenpeace, le reclutó para llevar a cabo la segunda operación de acción directa del grupo, esta vez en contra de los ensayos nucleares franceses en el atolón de Mururoa. ¿Cuáles eran las calificaciones de McTaggart para cubrir el puesto? Un enorme entusiasmo - y ser dueño de un ketch de 38 pies. Se le giró un adelanto de 9.500 dólares para los preparativos. Cuando Metcalfe voló hasta Auckland y puso pie en tierra, enseguida husmeó que algo no andaba como debía. De acuerdo a Metcalfe, el señor McTaggart se negó a rendirle cuentas por los 9.500 dólares que Greenpeace le había enviado para equipar al barquito. Peor aún, la policía de Auckland había arrestado a McTaggart por contrabando de relojes suizos en el barco y Greenpeace debió pagar otros u$s 1.000 para obtener la libertad bajo fianza del moderno émulo del pirata Morgan. Como es de esperar (nadie es culpable hasta que se lo prueben) McTaggart niega que haya recibido más de u$s 2.500 para equipar al barco, que haya engañado a inversores en Bear Valley y Aspen, haber vendido el anillo de bodas o la coupé Mercedes. Sus abogados le aconsejan: “Niegue todo”., la vieja treta de los abogados “sacapresos” que defienden a políticos y funcionarios… Dice McTaggart que la acusación de la policía de Auckland por contrabando fue un invento del gobierno, “para tratar de impedir mi viaje.” Viendo los antecedentes judiciales de McTaggart, los dichos de la policía Neozelandesa suenan más creíbles. El resto es bastante conocido. Los franceses se apiadaron de él y su tripulación, y no hicieron detonar ninguna bomba de hidrógeno cuando McTaggart estaba en el área de ensayos (con lo cual no le hicieron ningún favor a la Humanidad), pero sí enviaron dos agentes secretos que pusieron una mina en el costado del barco, mientras estaba amarrado en el muelle de Auckland. Esto sirvió para que Greenpeace saltase bruscamente a la fama y McTaggart viese la Luz: las posibilidades económicas de este nuevo tema de la ecología. La señora Gertrude Huberty (su ex suegra) le recuerda como un despiadado negociante que no se detenía ante nada: “David me dijo una vez que, cuando uno desea alguna cosa ardientemente, uno debe estar dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirla...”- dice ella. “Cualquier cosa...” Y una cosa que él deseaba con ardor (además de una enorme cuenta bancaria), era el liderazgo de Greenpeace. En 1979, se desató una feroz lucha entre la oficina madre de Vancouver y los afiliados rivales en los EEUU, por el derecho al uso del nombre “Greenpeace”. Por esa época, Mc- Taggart estaba muy activo en la operación de Greenpeace en Europa, (y se había hecho muy famoso por la paliza recibida de parte de los agentes secretos franceses por interferir en las pruebas nucleares del atolón de Mururoa). Los fundadores canadienses de Greenpeace iniciaron una querella judicial contra los norteamericanos para ganar el control del nombre. Aunque en esta batalla entre el co fundador de Greenpeace, Patrick Moore y David McTaggart, el dueño original del nombre tenía el apoyo de los canadienses, los norteamericanos y los europeos estaban decididamente del lado de Mc Taggart. En 1980 McTaggart se hizo con la presidencia de Greenpeace International, mientras que Moore se mantuvo como jefe de la filial de Canadá. Por supuesto, los millones de personas que donaban su dinero y obediencia al mito sabían muy poco sobre esta batalla intestina. Aquí hay una paradoja notable: las agrupaciones como Greenpeace atacan a las grandes empresas y las acusan de “no tener rostro y no ser responsables ante Greenpeace 215 nadie”. En realidad, esa descripción se ajusta mejor a Greenpeace que a las modernas compañías que están reglamentadas, inspeccionadas severamente y gravadas con impuestos por los gobiernos, con adversos informes de la prensa y cuidadosamente vigiladas por sus propios accionistas. Por el otro lado, existe muy poco control y revisión de cuentas en las organizaciones como Greenpeace, debido a que son “sin fines de lucro”. Los medios de difusión las tratan con mano de seda, no pagan impuestos y tienen numerosas franquicias en los servicios públicos del Estado, como tarifas especiales en el servicio de correos. Si se presiona un poco, Greenpeace revelará que el salario de McTaggart ascendía a sólo 60.000 dólares anuales, pero no dirá una sola palabra más sobre ningún otro tipo de retribución o privilegios de sus dirigentes y sus tropas de asalto - algo que cualquier empresa del mundo está obligada por ley a revelar en sus balances. ¿Una Retirada Estratégica? El 2 de Septiembre de 1991 David McTaggart renunció a la presidencia de Greenpeace International, después de 12 años seguidos en el puesto. Fue reemplazado por Matti Wuori, un abogado en derecho civil de Finlandia. McTaggart fue nombrado Presidente Honorario y dijo que, entre otras cosas, emplearía su tiempo libre en ayudar a la ex Unión Soviética a limpiar su ambiente. La llegada de Wuori al poder no pudo haberse realizado más a tiempo. La prensa de Alemania había estado publicando candentes revelaciones acerca de la manera en que las recaudaciones de Greenpeace iban a parar a cuentas secretas en Suiza, lo que estaba provocando que la imagen mítica de Greenpeace se hubiese comenzado a ajar peligrosamente. El cambio en la opinión pública se reflejaba en las recaudaciones de la organización. La misión de Matti Wuori parecía ser la del jabón limpiador Camello: lavar y pulir la salpicada imagen de Greenpeace. Por supuesto, McTaggart continuó dirigiendo a la organización desde bambalinas. Es su dueño natural. En un artículo de la revista Forbes, allá por el año 91, la foto de McTaggart aparece con el epígrafe que ironiza sus costumbres: “David McTaggart: ex presidente de Greenpeace. ¿Yéndose otra vez a tiempo?” (4) Greenpeace International tiene en Roma las más fastuosas oficinas que se puedan concebir, mientras que McTaggart es dueño de una “villa” de olivos en Perugia, cuyo lujo lo hubiese envidiado Onassis. Con un sueldo de $60.000 anuales resulta ser un verdadero genio de las finanzas para haber podido amasar su increíble fortuna. Son increíbles las cosas que se logran con crédulos que le regalan a uno 30 dólares anuales para salvar al planeta! No saben que el nombre completo de este tipo es David Planeta McTaggart Los camarotes de los oficiales del Rainbow Warrior, el más famoso de los varios barcos de Greenpeace, se destacan por la suntuosidad del decorado, cosa que no se puede decir de las cuchetas de los marineros. También ha sido notoria la capacidad de almacenamiento de la bodega de bebidas alcohólicas del barco. La central del poder de Greenpeace se encuentra en Amsterdam, poder que reside en el dinero que recolecta de sus 12 más prósperas filiales nacionales. Como dije más arriba, estas filiales deben pagar un "tributo" del 24% de las recaudaciones provenientes de donaciones, negocios, campañas de "mailing", etc, por el uso del nombre. El poder está consolidado aún más por la oficina de Roma, ya que ninguna filial puede lanzar ninguna campaña sin la expresa aprobación de Greenpeace International.
