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Ernesto Jaimovich

Ernesto Jaimovich nació en Paraná , Entre Ríos , el 27 de abril de 1943. en el año 1959 presidió la Coordinación de Centros de Estudiantes Secundarios de su ciudad natal e integró la Mesa Ejecutiva de la Confederación entrerriana de Estudiantes Secundarios. En 1965 y 1967 fue presidente del Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad Nacional del Litoral . En 1968 fue Coordinador Nacional del Movimiento Nacional Reformista y en 1972 Presidente de la Federación Universitaria Argentina . Fue uno de los fundadores del Partido Socialista Popular . En 1972 fue miembro del Comité Nacional y de la Comisión de Acción Política; integrante del Consejo Nacional de la Unidad Socialista; Presidente del Centro de Estudios Alfredo Palacios y Presidente del Instituto Ciudad Libre. En el año 1991 fue electo Concejal de la Ciudad de Buenos Aires por la Unidad Socialista. En ese cargo presidió la Comisión de Seguridad Urbana y Emergencia Social del Honorable Concejo Deliberante. Con coherencia indiscutible entre pensamiento y acción, Ernesto Jaimovich transmitió y promovió los valores de la justicia, libertad, solidaridad y honestidad. Alternó su actividad política con su profesión de médico. Apasionado por la educación, entendía que esta no era un privilegio de elite sino un derecho fundamental de todo ser humano, afirmando que: “El valor de la educación requiere de una prospectiva en el tiempo, de una visión y de un proyecto de vida, porque la educación es un hecho que se realiza en el tiempo, en los años, en un proyecto de futuro.” Su compromiso con lograr la igualdad de oportunidades y una mejor calidad de vida, especialmente de la niñez, lo llevó a luchar incansablemente por conservar cada aula, cada banco, cada comedor y cada edificio escolar. Desde su banca de Concejal de la ciudad de Buenos Aires, enfrentaba la nefasta y humillante concepción de la llamada “escuela shopping”. Autor de la Ordenanza para la preservación del patrimonio educativo y la prohibición de toda actividad comercial en las escuelas, dijo en una oportunidad en el recinto: “Muchos de los valores que han dado sustento y posibilidad de existencia a nuestra Nación han llegado a secundarizarse y, dentro de ellos, el valor de la educación. (...) Si queremos estructurar una política para el futuro de la ciudad debemos comprender que primero están los niños, nuestros hijos, y que ésa es nuestra principal e indelegable responsabilidad, que es la del Estado municipal, que no puede ser delegada bajo ninguna condición cualquiera sea la magnitud de la crisis económica o social que vive el país o la ciudad. Las escuelas tienen que ser lugares sagrados, lugares privilegiados, porque dignificándolas, estamos dignificándonos nosotros, los vecinos de la ciudad y los representantes, dando el valor correspondiente a la edificación de un futuro en nuestro país.” Su visión integral de los problemas cotidianos se enmarcaba en el profundo análisis de la realidad de nuestro país y el mundo. Así, una simple lucha por una copa de leche, se transformaba en un eslabón en defensa de los derechos de los niños, los derechos a la salud, a la educación, a la igualdad de oportunidades, en suma, a una vida digna. Ese era el horizonte de Jaimovich: conseguir para todos mejores condiciones de vida. Su vocación de servicio a los intereses populares, su creencia en los principios del Socialismo, han dejado cimientos sólidos para la construcción de una alternativa política solidaria y democrática en nuestro país. Afirmaba con vehemencia que “nuestro principal capital –nuestro único capital– no reside en las riquezas económicas, sino en la calidad de nuestras mujeres, en la calidad de nuestros hombres y en la de nuestros niños.” Sostenía con enorme firmeza: “Creemos que en estos valores esenciales, que son los de la salud, los de la calidad de vida de nuestra gente, los de la solidaridad, los del ejercicio de la participación democrática, donde podemos encontrar la clave que nos unifica a los argentinos en una auténtica unidad nacional para poder salir del pantano en el cual durante tantos años ha estado enterrado nuestro país.” Su preocupación por la salud de la población se tradujo en numerosos proyectos en los que puso de manifiesto su interés por la implementación de políticas progresistas, referidas a planes de salud consensuados entre los distintos sectores involucrados, a fin de establecer prioridades. Sugirió la racionalización de los recursos existentes en pos de la eficiencia. Promovió la necesidad de dotar a la administración de la salud de la necesaria transparencia, a través de la participación de la comunidad en la gestión y el control de sus instituciones. El Medio Ambiente lo tuvo como apasionado defensor. Bregó incansablemente por la conservación y recuperación de los espacios públicos, a los que numerosas veces defendió de los que llamaba a la “voracidad inmobiliaria”. Luchó cotidianamente contra la amenazante “invasión impune del interés privado sobre el público”. La calidad del aire y la falta de controles fueron motivo de su preocupación, así como el “espectáculo desolador” que le significaba la desaparición de especies añejadas de árboles. Sus esfuerzos estuvieron siempre puestos al servicio de la construcción de una alternativa de igualdad, solidaridad y honestidad en pos de un futuro mejor. Guillermo Estévez Boero , en un homenaje realizado un par de meses luego de su muerte, señalaba que “Ernesto Jaimovich fue enemigo insobornable de toda injusticia. Su conciencia revelábase contra cualesquiera de las formas de negación de los derechos de la democracia, la libertad y la justicia social, no a título de premisas teóricas, sino en función de hechos mensurables. (...) Pensó como hombre de acción y actuó como hombre de pensamiento.” Su trayectoria como Concejal fue como su vida y su militancia, un compromiso de acción transformadora; una búsqueda insaciable de respuestas; una actitud positiva, y por sobre toda las cosas, un tenaz empeño de anteponer la solidaridad frente al egoísmo. Valores que lo distinguieron y que trascendieron la órbita de su representación partidaria y le granjearon el respeto y el reconocimiento de sus pares de todos los sectores políticos; de sus compañeros de militancia y de todos los que por distintas razones compartieron con Jaimovich alguna circunstancia de su vida. Ernesto Jaimovich siempre desechó los atajos, seguía el camino que consideraba correcto, sin importarle obstáculos ni renunciamientos. Sabía distinguir lo superfluo, lo pasajero, lo mediocre, de lo profundo, lo trascendente. Confiaba sin vacilaciones en la capacidad creadora de la gente y en los ideales del Socialismo, como forma superadora de la convivencia entre las mujeres y hombres de nuestro país. La fatalidad puso fin a su vida en un río correntoso, el 5 de enero de 1995. Señalaba Estévez Boero que su conducta “año tras año, avatar tras avatar, requiere una fortaleza moral prodigiosa, una vocación heroica, una disciplina constante y una pasión inextinguible, cuya gimnasia combata en el espíritu todo vestigio de bajeza. No hizo nada ‘a cambio’ o esperando la contraprestación, o pensando en la próxima lista. Ernesto hizo todo en cumplimiento del deber que impone el ideal, al cual abrazó y sirvió toda su vida.” Hoy, a diez años de su desaparición física, el legado que ha dejado Ernesto Jaimovich no es un recuerdo de palabras y papeles. Es un compromiso de acción y hechos transformadores. (Extraido del proyecto de ley 3214-D-04 de Norberto La Porta ) marzo